¿En realidad estamos solos?, vaya pregunta -pensó él en
voz baja-, le tomó un momento guardarse en la distancia y preguntarse de nuevo,
¿en realidad estamos solos?, ¿será posible que nos hayan lanzando tan
bruscamente al mundo, que digo al mundo, a ésta realidad tan endeble que un
simple cuestionamiento al calor de la nostalgia puede derrumbar la puesta de
sol o la conjugación del cielo al mirar las estrellas?; si -pensó de nuevo él-
si estamos solos, de no ser así por qué sentimos la necesidad de abandonar la
locura y caer en el letargo del sentido común, un común que es solitario cuando
se siente que no es de uno; vaya, vaya, que solitario y abrumador es el
espectro en el espejo -caviló mientras miraba sus únicas dos manos-, que
inocencia perdida cuando se tiene tanto lugar a dónde ir pero tan pocas ganas
de quedarse, que inmundo es el aroma de la sombra que se va farfullando con la
luz -lo decía para si mismo al tiempo que encendía un cigarro-; ¿en realidad no
estamos tan solos como se piensa, por qué, qué es en si la soledad sino el
deseo de no estar solo?, la soledad -pensó para si mismo- es un deseo, una
ambición, un camino o una meta, son las ganas muertas de sentir un deseo
salvaje por compartir lo que en realidad no somos, dejando para nuestro momento
a solas lo que en verdad tratamos de ser, fingiendo que comprendemos lo que
jamás hemos sentido, hablando dialectos de mundos en los que nunca hemos puesto
un pie, anunciando que fuimos capaces de ver las nubes de un cielo que no
existe; oh -gritó rozagante- que solitaria es está forma de estar solo en la
que ni la misma soledad se asoma, que furtiva e infranqueable resulta ser la
pregunta que embriaga, que caótico y majestuoso termina siendo ese momento en
el que hasta los pensamientos te abandonan; ¿en realidad no estamos solos o
somos más solos de lo que estamos? -meditó ésta pregunta una y otra y otra vez
mientras miraba por la ventana-, seremos acaso una obra de arte esculpida por
el diablo, seremos sólo una causa azarosa que no tiene final sin principio,
seremos acaso el vómito en donde se ahogan las penas de cosas que no existen;
será necesario buscar la bonanza en otro que piensa lo mismo pero que nunca lo
dice, por temor o cobardía o por simple y llana apatía; ¿es eso lo que
queremos, un ser incapaz de ver su soledad poblada, ahí es dónde trataremos de
abarrotar nuestras desgracias y consumar nuestra dicha?; ay - bramó hasta
desgañitarse- que infortunio sufren los seres cuando se preguntan si están
solos, quizá deberían abrazar su soledad y después morir.
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